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"El
Camino de María"
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Marisa y Eduardo
Vinante
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La Santísima Virgen y el
Adviento
...Viene Cristo,
el Príncipe de la paz! Prepararnos para su nacimiento
significa despertar en nosotros y en el mundo entero la
esperanza de la paz. La paz, ante todo, en los corazones,
que se construye deponiendo las armas del rencor, de la
venganza y de toda forma de egoísmo.
El mundo tiene mucha necesidad de esta paz. Pienso con
profundo dolor, de modo especial, en los últimos episodios de
violencia en Oriente Próximo y en el continente africano, así
como en los que la crónica diaria registra en muchas otras
partes de la tierra. Renuevo mi llamamiento a los responsables
de las grandes religiones: unamos nuestras fuerzas para
predicar la no violencia, el perdón y la reconciliación.
"Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia
la tierra" (Mt 5, 4).
En este itinerario de espera y esperanza, que es el Adviento,
la comunidad eclesial se identifica más que nunca con la
Virgen santísima. Que la Virgen de la espera, nos ayude a
abrir nuestro corazón a Aquel que trae, con su venida a
nosotros, el don inestimable de la paz a la humanidad entera.
(Juan Pablo II, Ángelus, Domingo 30 de noviembre de 2003)

"Preparad
el camino del Señor, enderezad sus sendas" (Lc
3, 4).
En este segundo domingo de Adviento resuena con vigor esta
invitación de san Juan el Bautista, un grito profético
que sigue resonando a lo largo de los siglos.
Lo escuchamos también en nuestra época, mientras la
humanidad prosigue su camino en la historia. A los hombres
del tercer milenio, en busca de serenidad y paz, san Juan
Bautista les indica el camino que es preciso recorrer.
Toda la liturgia del Adviento se hace eco del
Precursor, invitándonos a ir al encuentro de Cristo, que
viene a salvarnos. Nos preparamos para recordar de nuevo su
nacimiento, que tuvo lugar en Belén hace cerca de dos mil años;
renovamos nuestra fe en su venida gloriosa al final de los
tiempos. Al mismo tiempo, nos disponemos a reconocerlo
presente en medio de nosotros, pues nos visita también en
las personas y en los acontecimientos diarios.
Nuestro modelo y guía en este itinerario
espiritual típico del Adviento es María, que es
mucho más bienaventurada por haber creído en Cristo que
por haberlo engendrado físicamente (cf. san Agustín, Sermón
25, 7: PL 46, 937). En ella, preservada
inmaculada de todo pecado y llena de gracia, Dios encontró
la "tierra buena", en la que puso la semilla de la
nueva humanidad.
Que la Virgen Inmaculada, a quien nos disponemos a
celebrar mañana, nos ayude a preparar bien "el
camino del Señor" en nosotros mismos y en el mundo.
(Juan Pablo II,
Ángelus, Domingo 7 de diciembre de 2003)
«Estad
siempre alegres en el Señor... El Señor está cerca»
(Filipenses 4, 4-5).
Con estas palabras del apóstol Pablo, la Liturgia nos
invita a la alegría. Es el tercer domingo de Adviento,
llamado por este motivo domingo «Gaudete». Son las
palabras con las que el Siervo de Dios, el Papa Pablo VI,
quiso titular, en 1975, su memorable exhortación apostólica
sobre la alegría cristiana, «Gaudete in Domino!».
El Adviento es tiempo de alegría, pues permite revivir la
espera del acontecimiento más alegre de la historia: el
nacimiento del Hijo de Dios de la Virgen María.
Saber que Dios no está lejos, sino cercano; que no es
indiferente, sino compasivo; que no es ajeno, sino un Padre
misericordioso que nos sigue con cariño en el respeto de
nuestra libertad: este es motivo de una alegría profunda
que las cambiantes vicisitudes cotidianas no pueden arañar.
Una característica inconfundible de la alegría cristiana
es que puede convivir con el sufrimiento, pues se basa
totalmente en el amor. De hecho, el Señor que «está cerca»
de nosotros, hasta el punto de hacerse hombre, viene a
infundirnos su alegría, la alegría de amar. Sólo así se
comprende la serena dicha de los mártires incluso en medio
de las pruebas, o la sonrisa de los santos de la caridad
ante quien está en el dolor: una sonrisa que no ofende,
sino que consuela.
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo»
(Lucas 1, 28). El anuncio del Ángel a María es una
invitación a la alegría. Pidamos a la Virgen Santa el don
de la alegría cristiana. (Juan Pablo II, Ángelus,
Domingo 14 de diciembre de 2003)

«El reino de Dios está cerca: no
tardará».
El Adviento reaviva
la esperanza en Cristo, que vendrá para instaurar su Reino de
Justicia y de Paz. Su nacimiento en Belén confirma la certeza
de que Dios es fiel a sus promesas.
Puesto que el Hijo de Dios, nacido de María, está con nosotros
y nos acompaña, no hemos de sentirnos solos en nuestro caminar
terreno. Él nos amplía también el horizonte de nuestras
aspiraciones inmediatas, para considerarlas a la luz de la
Sabiduría divina. Es importante recordar que ha sido Dios quien
ha tomado la iniciativa de encontrarse con nosotros. Por eso,
la esperanza del Adviento consiste precisamente en prepararnos
para este encuentro gozoso con Quien cambia nuestra vida para
salvar a todo el género humano.
...Iluminemos
estos días de inmediata preparación a la Navidad de Cristo
con la luz y con el calor de la esperanza, queridos hermanos y
hermanas... Lo pongo en manos de la materna intercesión de María,
modelo y apoyo de nuestra esperanza. (Juan Pablo II,
Audiencia General del 17 de diciembre de 2003).
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